Anabel Santiago
Será difícil descubrir, así pase el tiempo, dónde están todos los secretos de este disco. No porque esté grabado con más secretos que otros. Sino porque es la primera vez que una cantante de tonada hace un ejercicio de estilo tan lleno de sutilezas. Cantar a Diamantina es una labor plagada de detalles, donde Anabel recorre las canciones que a ella más le gustan para cantarlas a su manera.
Si Diamantina fue en su tiempo una mujer con más valentía de la normal, Anabel es un modelo en el suyo. Me dirán que exagero: pues, no. En esa carrera de cantante potente y brava hay también una mujer responsable, trabajadora por demás y orgullosa de su condición femenina. De esa claridad brotan muchos de los detalles que respigan la piel. En la producción de Lee Wolfe, la colaboración con el pianista Jacobo de Miguel, haciendo “jazz en medio de la canción asturiana”, es la revolución de este fin de año.
MIGUEL FERNÁNDEZ, La Voz de Asturias.
Con este disco la tonada da un paso de gigante. La belleza de la voz de Anabel Santiago y la elegancia del piano de Jacobo de Miguel hacen que las melodías de tonada naveguen por un mar de sensibilidades que hasta ahora le eran ajenas. Digo con ello que la tonada está de enhorabuena. Hoy la tradición se ha juntado con la modernidad. Las canciones que tiempo atrás había popularizado Diamantina –en los límites de lo que entonces podría llamarse la vanguardia posible-, rejuvenecen para presentar una factura novedosa no sólo en el ámbito estricto de la tonada sino de la música asturiana en general. Michael Lee Wolfe y María Álvarez hacen en esta grabación una de sus mejores contribuciones a la música tradicional. En la libertad compositiva de estos arreglistas se muestra el impresionante abanico de posibilidades por el que discurre la música folk. Suena a Asturies. Es un disco distinto. Bienvenido sea. Merece la pena escucharlo, a sabiendas de estar oyendo un clásico. Como de Diamantina, seguiremos hablando de este disco y de Anabel dentro de muchos años.

